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Internet and information overload submerge us in a reduced fiction, and leads us to register a different or isolated reality without realizing it, and to live in informative and aesthetic bubbles. Censorship removes information without undefined or argued parameters; Cookies save user preferences and show products or people related only to their tastes and interests; And the repetition of images only leads the user to blindness and his response with an abusive use of them.

Therefore, I want to focus on the manipulation of tangible images, their weight, the non-virtual, the obvious censorship and the different techniques connected by repetition.

These braided images originate large horizontal works to visually challenge those eyes that have become used to scrolling, a fast and vertical reading. Also appear as abstractions, censorships and manual pixels, where the images fight each other in a game of layers and textures.

Annexed:

I, YOU, SHE HE AM

Networks are like mirrors, where we see ourselves. Not only through our own publications, but our followers, contacts, cookies... make us only see one content, related to us.

This collection is an analogue social network, to understand how we behave in a digital context. Each of the images measures (approximately) what an Instagram image on the screen of a smartphone. I seek to imitate the sensation of receiving many images at the same time; the overwhelming and often involuntary consumption of photographs; an infinite scroll, and a contemplation that is reduced to mere impressions.

The plastic symbolizes the destructive and unnatural, because it’s all about what corrupts photography and moves it away from its natural goal and environment. The bags also frame a precious object, to be stored, to treat each of the images individually and with their corresponding value separately. Formerly they were revealed and filed; Now, the natural place for an image is the screen. And the network.

Nowadays, photography is a mechanism of memory, but ironically it makes us forget. It does not invite us to have a relationship with the past; instead, a fortuitous encounter with the present. In networks, publications do not represent memories of the past, because now photography is present, a “this just happened” image. In this case, the fragments are memories, but you will only be able to remember some of them.

In an individualistic society, the insatiable search and display of oneself becomes visible; the I that tries to know itself by reflecting continuously on the screen. With each selfie or post I know myself better. At least I know the version I want to show. That is why all the images are fragments of humanity, like particles of DNA in bags, in front of and audience with a common exercise of finding the pieces that make up their unit.

Internet y la sobreinformación nos sumergen muchas veces en una ficción disminuida, precipitándonos a registrar una realidad diferente o aislada sin darnos cuenta, y a vivir en burbujas informativas y estéticas. La censura elimina información a veces sin parámetros definidos o argumentados; Las cookies guardan las preferencias de los usuarios y muestran productos o personas relacionados solo con sus gustos e intereses; Y la repetición de imágenes (publicitarias o cualquier otro tipo) solo llevan a la ceguera del usuario y su contestación con un uso abusivo de las mismas.

Por ello, quiero dar toda la importancia a la manipulación y el tratamiento de imágenes tangibles, al peso de las mismas, a lo no virtual, a la censura obvia y a diferentes técnicas unidas por la repetición.

Este trenzado de imágenes da lugar a obras horizontales de grandes dimensiones para retar visualmente a unos ojos que se han acostumbrado al scroll, a la lectura rápida y vertical. Además, una abstracción, censura y pixelado manual en unas piezas en las que las imágenes luchan entre sí en este juego de capas y texturas.

Anexo:

La red es como un espejo, donde nos vemos a nosotros mismos. No solo con nuestras propias publicaciones, sino que los seguidores, contactos, cookies… hacen que solo veamos un contenido, afín a nosotros.

Esta colección es una red social analógica, para entender bien cómo funcionamos en lo digital. Cada una de las imágenes mide (aproximadamente) lo que una imagen de Instagram en la pantalla de un smartphone. Busco imitar la sensación de recibir muchas imágenes al mismo tiempo; el consumo abrumador y muchas veces involuntario de fotografías; un scroll infinito, y una contemplación que se reduce a meras impresiones.

El plástico simboliza lo destructivo y antinatural, porque hablamos de lo que corrompe la fotografía y la aleja de su objetivo y medio natural. Las bolsas también enmarcan un bien preciado, a guardar, para tratar cada una de las imágenes de manera individual y con su valor correspondiente por separado. Antes se revelaban, se archivaban; ahora, el lugar natural de una imagen es la pantalla. Y la red.

Ahora, la fotografía es un mecanismo de memoria, pero irónicamente nos hace olvidar. No nos invita a una relación con el pasado, sino a un encuentro fortuito con el presente. En las redes, las publicaciones no representan memorias del pasado, sino que la fotografía es presente, el acaba de ser así. En este caso, los fragmentos sí son recuerdos, pero solo recordarás algunos.

En una sociedad individualista, se hace visible la insaciable búsqueda y muestra del YO. Un YO que trata de conocerse reflejándose continuamente en la pantalla. Con cada selfie o publicación me conozco más. Al menos conozco la versión que quiero dar de mí. Por eso todas las imágenes son fragmentos de la humanidad, como partículas de ADN en bolsas, ante observadores con un ejercicio común de encontrar cuales son los trozos que componen su unidad.